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La hora de la venganza

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Y le nacieron a Absalón tres hijos, y una hija que se llamó Tamar, la cual era mujer de hermoso semblante. 2 Samuel 14:27.

TAMAR, HIJA DE DAVID

La historia de Tamar y Amnón no terminó con la violación y el repudio. Absalón, quien era hermano de padre y madre de Tamar, se enteró de la deshonra infligida a su hermana, y se propuso vengar su deshonra. Esperó dos años. En ese tiempo David no impartió justicia. Desde que tomó a Betsabé y ordenó la muerte de Urías heteo el esposo de su amante, su autoridad moral estaba muy debilitada. No se atrevió a castigar al violador de su hija porque su propio pecado debilitaba sus manos.

Pero Absalón sí. Esperó que los ánimos se apaciguaran, y que Amnón se confiara en la impunidad de su crimen. Él también fingió para atraer al infame, y utilizó la comida como cebo. Con motivo de la vendimia de su viñedo, invitó al mismo David y a todos sus hermanos a un banquete. David se excusó y no asistió, pero sus hermanos sí. Sonaban las copas de vino, los siervos iban y venían con grandes platos de carne, las risas atronaban en el recinto, y de repente Absalón se levantó de su lugar y mató a Amnón. Se produjo una gran confusión, los principes huyeron en todas direcciones, y un mensajero corrió a decirle a David que todos sus hijos estaban muertos. El rey fue invadido de un gran pesar, rasgó sus vestidos y echo tierra sobre su cabeza, y sus criados hicieron lo mismo. Un segundo mensajero llegó con mejores nuevas: solo Amnón había sido muerto.

Así como Tamar fue ultrajada mediante el fingimiento, mediante el fingimiento Amnón fue asesinado. El pecado del incesto había deshonrado a una princesa, y el fuego de la venganza había consumido a dos principes: uno estaba muerto y el otro se había convertido en asesino.

El incesto, las relaciones sexuales entre parientes, es algo muy vergonzoso, pero el abuso sexual de un familiar es aún más grave. Cuida tu honor. No permitas que te toquen los extraños ni los parientes. Si tienes hijos, cuídalos de la gente ajena y mucho más de los que viven en tu casa. Ellos los tienen al alcance. No los dejes en manos de gente extraña. Si tú los trajiste al mundo, cuídalos tú. -LC