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De estéril a gozosa

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El ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Lucas 1:13.

ELISABET

Elisabet fue una mujer dichosa, pero no siempre. Su hijo fue el más privilegiado de los profetas de Israel, porque presentó al mundo al Mesías, al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Todos los profetas anteriores predijeron la llegada del Mesías, pero el hijo de Elisabet dijo: “Señores, aquí está el Mesías”.

Elisabet era estéril. Tuvo que soportar muchas murmuraciones, pues no tener hijos era mal visto en Israel. A ferrada a Zacarías, su marido, mojó en llanto sus oraciones. Que la esposa de un sacerdote no le diera hijos era un gran oprobio. Aferrada a Dios, perseveró pidiendo el hijo imposible hasta que se le secaron las entrañas. Pero un día Dios respondió. Primero respondió a su marido. Mientras Zacarías ofrecía incienso a Dios, un ángel se hizo visible y audible. Ubicado a la derecha, como señal de favor, el ángel le dijo que su oración había sido contestada: tendría un hijo varón con Elisabet y debía llamarlo Juan. Zacarías se rió del ángel, pues ambos eran ancianos y Elisabet, estéril. Entonces fue castigado, y quedó mudo. Era como si el ángel le dijera: “¿Por qué piden entre lágrimas para dudar entre risas?”.

Zacarías regresó a su casa y escribió a su mujer la buena nueva. Elisabet exultó de gozo. Y nueve meses después dio a luz al precursor del Mesías, a Juan el Bautista.

Oh, maravilla del amor de Dios, maravilla de su providencia, maravilla de su condescendencia. En verdad es misericordioso y piadoso, grande en misericordia.

Antes de tener su hijo, la vida de Elisabet discurrió por el valle de la amargura. Después de concebirlo se elevó hasta las cumbres de la alabanza. Su bendición floreció en gratitud, y su gratitud floreció en adoración.

Si tienes hijos, alaba a Dios. Si no tienes y quieres tener, pídele uno, pero comprométete a educarlo para Dios, recordando que toda oración genuina debe incluir la frase: “Hágase tu voluntad". -LC