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La victoria de Perpetua y Felícitas

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Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Colosenses 3:3.

PERPETUA Y FELÍCITAS

Si le hemos dado a Cristo la vida, ya no es nuestra, y él tiene autoridad sobre ella. Las mujeres mártires han creído eso, y han vencido en sus pruebas. Tal fue el caso de Felícitas, una cristiana embarazada quien fue martirizada con Perpetua.

Felícitas temía que se la privara del martirio, porque generalmente no se condenaba a muerte a las mujeres embarazadas. Todos los mártires oraron por ella, y dio a luz a una hija en la prisión. Un cristiano adoptó a la niña.

Según las actas: “El día del martirio los prisioneros salieron de la cárcel como si fuesen al cielo... La multitud, furiosa al ver la valentía de los mártires, pidió a gritos que los azotaran; entonces, cada uno recibió un latigazo al pasar frente a los gladiadores”.

“Perpetua y Felícitas fueron arrojadas a una vaca salvaje que atacó primero a Perpetua, quien cayó de espaldas; pero la mártir se sentó, se cubrió con su túnica desgarrada y se arregló un poco los cabellos para que la multitud no creyese que tenía miedo. Después fue a reunirse con Felícitas, que yacía también por tierra. Juntas esperaron el siguiente ataque de la fiera; pero la multitud gritó que con eso bastaba; los guardias las hicieron salir por la Puerta Sanavivaria, por donde salían los gladiadores victoriosos.

La muchedumbre pidió que las mártires compareciesen nuevamente. Después de haberse dado el beso de la paz, Felícitas fue decapitada por los gladiadores. El verdugo de Perpetua, que estaba muy nervioso, erró en el primer golpe, y le arrancó un grito; ella misma tendió el cuello para el segundo golpe. "Tal vez por ser una mujer tan grande... Perpetua solo podía morir voluntariamente”.*

El valor de Perpetua y Felícitas es prueba de su consagración. En realidad, ellas ya habían muerto, porque esto es lo que le sucede al verdadero cristiano: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios". (Colosenses 3:3). Pronto vivirán para siempre. Dios quiere darnos el mismo valor, pero necesitamos que nos dé primero el mismo amor que les dio a ellas. Entonces, cuando venga la gran tribulación estaremos listas para sufrir por él, y para vivir con él en su futuro reino de gloria. –LC

* http://www.corazones.org/santos/perpetua_felicitas.htm.