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Canibalismo emocional

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Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35.

MUJER DESPIADADA

 En 2 Reyes 6 encontramos una historia bíblica de horror que rara vez contamos a nuestros niños, para no asustarlos. Dice que en Samaria había gran escasez de alimentos porque el rey de Siria había sitiado la ciudad. Llegó al punto que dos mujeres hicieron un pacto de comerse a sus niños. Una de ellas mató y cocinó a su hijo; al día siguiente la otra debía hacer lo mismo con el suyo, pero lo escondió y quebrantó el pacto. La primera se quejó con el rey: “Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío... Mas ella ha escondido a su hijo" (vers. 28, 29).

No debemos juzgar con dureza a estas mujeres por ese acuerdo macabro. Pero no creo que ninguna de nosotras haya estado tan hambrienta que se le haya ocurrido comerse a un hijo. ¡Solo pensar en ello causa horror! Sabemos que cuando una persona pasa varios días sin comer, su mente se nubla y deja de razonar con cordura; el instinto de supervivencia exige buscar comida a como dé lugar. Sin embargo, muchas madres hoy son peores que las de la historia bíblica. Motivadas por el hambre de amor que no recibieron cuando niñas, quitan la vida emocional de sus hijos con insultos y maltratos de los que se valen para ventilar sus frustraciones y carencias que arrastran desde la niñez.

El “canibalismo emocional” es común en todas las razas, nacionalidades y culturas. Muchos niños inocentes van a parar a las “ollas” de las carencias de sus madres o parientes, que motivados por el hambre de amor o atención que no tuvieron, no vacilan en “matar” a sus hijos con insultos cuando estos desobedecen o los rechazan. Como resultado, conducen a sus hijos a la muerte espiritual, lenta y tormentosa, peor que matar de un golpe a un niño y echarlo a la olla.

“La madre debe cultivar un genio alegre, contento y feliz. Todo esfuerzo hecho en este sentido será recompensado con creces en el bienestar físico y el carácter moral de sus hijos. Un genio alegre fomentará la felicidad de su familia y mejorará en alto grado su propia salud [física y espiritual]" —HC, 392. -RC