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Mujer sedienta

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Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Juan 4:15.

LA SAMARITANA

Los judíos y los samaritanos se despreciaban; nunca uno de ellos pediría un favor al otro, aun en gran necesidad. Y nunca un hombre se dirigiría a una mujer, si esta no hubiera hablado primero. Estaba fuera de las costumbres que Jesús le pidiera a la samaritana agua para beber. El diálogo que siguió, cambió la vida de esta

¡Cuán agradecidos debiéramos estar porque Cristo tomó la naturaleza humana sobre sí mismo! Y aunque lo hizo, continuó siendo divino. Todos los atributos del Padre estaban en Cristo. Su divinidad estaba vestida de humanidad. Era el Creador del cielo y la tierra. Y sin embargo, mientras vivió sobre la tierra se cansaba, como les sucede a los hombres, y buscaba descanso de las continuas presiones de su labor. El que había hecho el océano y tenía control sobre las profundidades de las aguas; el que había abierto los manantiales y las vertientes de la tierra, tenía la necesidad de descansar junto al pozo de Jacob, y pedir agua para beber a una desconocida mujer samaritana.

Cuando ella cuestionó el hecho de que como siendo judío le estaba pidiendo agua a ella, que era samaritana, la respuesta de Cristo reveló a la mujer su naturaleza divina: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: dame de beber; tú le pedirías y él te daría agua viva”. Y cuando la mujer se mostró sorprendida por la declaración, Jesús agregó: “Cualquiera que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:10-14).

La mujer lo miró sorprendida. Había tenido éxito en despertar su interés e inspirarle respeto. Ella percibió que Cristo no estaba aludiendo al agua del pozo de Jacob, puesto que ella había bebido de la misma, y había experimentado nuevamente sed. Con una fe notable, la mujer le pidió que le diera del agua de la que él hablaba a fin de no tener más sed, ni necesitar venir a sacar agua del pozo. -Elena G. de White, HD, 61, 62.