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Misionera en su pueblo

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Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo? Juan 4:28, 29.

LA SAMARITANA

Jesús cambió ahora abruptamente el tema de conversación; le pidió que llamara a su esposo. La mujer respondió con franqueza, diciendo que no tenía esposo. Este era el punto que Cristo deseaba alcanzar para demostrar a la mujer que tenía el poder para leer la historia de su vida aunque no la hubiera conocido. Se dirigió a ella, diciéndole: “Bien has dicho: “No tengo marido", porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido. Esto has dicho con verdad” (Juan 4:17, 18).

Jesús tenía en vista un doble propósito; deseaba despertar su conciencia respecto a su pecaminosa manera de vivir, y deseaba probarle que ojos más que humanos habían leído los secretos de su vida. Y la mujer, aunque no comprendía totalmente lo pecaminoso de su manera de vivir, sí se asombró del conocimiento que este extraño poseía. Con profunda reverencia le dijo: “Señor, me parece que tú eres profeta” (vers. 19).

Las palabras de verdad que pronunció el divino Maestro agitaron el corazón de su interlocutora. Nunca había escuchado tales cosas ni de los sacerdotes, ni de los judíos, ni aun de su propio pueblo. Las impresionantes enseñanzas de este desconocido llevaron su mente hacia las profecías que señalaban al Cristo prometido; porque los samaritanos, así como los judíos, esperaban su venida...

¡Bendita mujer de Samaria! Durante el diálogo se había sentido como en la presencia divina, y ahora alegremente reconocía a su Señor. No le pidió, como los judíos, que hiciera un milagro que probara su carácter divino. Aceptó sus palabras con perfecta confianza, y no cuestionó la santa influencia que de él emanaba.

Ella se fue publicando las buenas nuevas: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?" (vers. 29). Por el testimonio de esta mujer muchos fueron llevados a creer en Cristo. Fue su informe el que atrajo a muchos a escuchar por sí mismos y creer en las palabras de Cristo.

[La mujer samaritana] dio pruebas de ser una misionera más eficaz que los propios discípulos. -Elena G. de White, HD, 62, 63.