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Madres privilegiadas

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Más Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. Lucas 18:16.

LAS MADRES QUE LLEVARON A SUS NIÑOS A JESÚS

Alguna madre de la comunidad debe haber visto a Jesús predicando en el pueblo, y llevó consigo a sus niños para escucharlo. También les avisó a las demás madres del vecindario. No sabemos cuántas madres salieron con sus hijitos a buscar a Jesús, pero la Palabra de Dios dice que aprovecharon la oportunidad de verlo.

Podemos imaginar a estas mujeres con sus niños, abriéndose paso entre la multitud para que Jesús los atendiera. “Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lucas 18:15-17).

Las madres cristianas sabemos buscar lo mejor para nuestros hijos. Desde que nacen los encomendamos a Dios y los guiamos por lo que nos parece el mejor camino. Sin embargo, a pesar de haberlos llevado a la iglesia siempre, haberles enseñado los cánticos de la escuela sabática e inculcado el amor del Señor, cuando llegan a la adolescencia “se despierta el monstruo", y algunos niños empiezan a desplegar rebeldía e indiferencia hacia el camino de Dios. Entonces nos preocupamos y nos preguntamos: ¿Dónde estuvo la falla? Esta es una pregunta difícil de contestar. Pensamos quizá que se trata de los genes del abuelo, que era violento, vicioso y despiadado.

Es cierto que nacemos con la infección del pecado, y si no representamos a Jesús en el hogar como él lo indica en su Palabra, activamos más esa infección hereditaria. Lo bueno es que los cristianos conocemos el remedio. Si presentamos a nuestros niños a Jesús para que toque sus corazones y cooperamos con él tratándolos con amor y paciencia, se cumplirá la palabra que dice: “No se apartará de él” (Proverbios 22:6).

Respecto a los hijos rebeldes, permanezcamos intercediendo por ellos ante Dios. Algún día veremos el cumplimiento de su promesa: “Yo salvaré a tus hijos” (Isaías 49:25).

Como las madres que llevaron sus niños a Jesús para que los bendijera, podemos confiar en que pronto los pródigos volverán al hogar. —RC