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El lugar de privilegio

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Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Mateo 20:21.

LA MADRE DE SANTIAGO Y JUAN

En cierta ocasión, Santiago y Juan presentaron por medio de su madre la petición de que se les permitiera ocupar las más altas posiciones de honor en el reino de Cristo. El Salvador contestó: “No sabéis lo que pedís” (Mateo 20:22). ¡Cuán poco entendemos muchos de nosotros la verdadera importancia de nuestras oraciones! Jesús conocía el sacrificio infinito que costaría adquirir esa gloria, cuando, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Hebreos 12:2). Ese gozo consistía en ver almas salvadas por su humillación, su agonía, y el derramamiento de sangre.

Cristo no reprochó a Santiago y Juan ni a su madre por pedir que estuviesen sentados a la izquierda y a la derecha en su reino. Pero al presentar los principios basados en el amor que deberían regir la relación de unos con otros, les mostró a los indignados discípulos que en su vida cotidiana debían tomarle a él como ejemplo, y seguir en sus pasos.

El apóstol también nos presenta este asunto en su debida luz, diciendo: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria: antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:3-9). —Elena G. de White, HD, 66, 67