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Mujer confiable

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El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios. Proverbios 16:23.

DÉBORA

En mi infancia jugué al “teléfono descompuesto”. Varios niños se formaban en una hilera. Al primero se le decía una frase al oído, y este la pasaba al siguiente, y así sucesivamente. Generalmente, la frase que decía el último de la fila nada tenía que ver con la original, y todos terminábamos riéndonos al oír el resultado final.

Esto era un juego, en el que la frase final a nadie le hacía daño, pero en el diario vivir hay personas que parecieran seguir jugando al teléfono descompuesto. Les confías un secreto y muy pronto lo comparten. Otras no tienen este problema, pero cambian de opinión acerca de un tema acomodándose a quien esté presente o involucrado. Las caracterizamos como las que “van para donde calienta el sol”. Otras hablan bien de ti cuando están contigo, pero cuando estás fuera de su vista te injurian. Todas estas situaciones tienen un denominador común: todas traicionan un valor fundamental, la confianza.

La confianza es definida como la opinión favorable de que una persona o grupo es capaz de actuar de forma correcta en una determinada situación (Wordpress.com). Es una cualidad positiva del ser humano que en estos días se está perdiendo. Como consecuencia, muchas personas prefieren hundirse en sus problemas, pues no se sienten seguras de ventilarlos ni del consejo que pudieran llegar a recibir. El resultado final es la depresión, la angustia, el abuso de drogas, una infinidad de somatizaciones y los gastos exorbitantes que conllevan.

En el antiguo Israel, en la época de los jueces, había una mujer que se destacaba. Se llamaba Débora. El Libro de los jueces dice que “los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jueces 4:5). Débora les inspiraba confianza, pues sus dichos eran veraces, fieles, y revelaban su relación y comunión con el Señor.

El mundo necesita más Déboras. Atesoremos esta cita: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres [y mujeres] que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas... cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo...que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos” –Ed, 54.

¿Aceptas el desafío y estás dispuesta a pagar el precio de ser transformada en una Débora? -AR