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El poder del ejemplo

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Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él. Proverbios 23:7.

SALOMÉ

¿Conoces el dicho, “de tal palo, tal astilla”? Hace referencia al carácter y las costumbres que transmitimos a nuestros hijos. La astilla tiene las mismas características que el madero del que se desprendió, y esa es la metáfora que encierra el refrán.

Es bien sabida la influencia prenatal que tienen los padres sobre el futuro bebé. Desde las primeras etapas del embarazo, esa criatura en desarrollo va adquiriendo los rasgos físicos y otras características de sus progenitores. Por ejemplo, está comprobado que si la madre escucha música clásica durante el embarazo, las posibilidades de que haya inclinaciones musicales buenas en el bebé son muy elevadas en comparación con el bebé de aquella que no lo haga.

Durante toda nuestra vida estaremos cincelando la personalidad de nuestros hijos. No solo les transmitiremos los rasgos positivos sino también los negativos; pero aprenderán los negativos más rápido que los buenos.

En la fiesta de cumpleaños del rey Herodes, Salomé, la hija de Herodías su mujer, baila para deleite del monarca y los invitados. Fascinado por la sensualidad de la joven, el rey jura que le dará todo lo que pida. Ella pide la cabeza de Juan el Bautista, la cual es traída al lugar de la fiesta en una bandeja.

Prestemos atención a los acontecimientos: Herodías, la madre de Salomé, es quien maquina el asesinato, y Salomé agrega el detalle de la bandeja, como si se tratara de un platillo más del menú. Cuando se ejecuta la orden, el plato es entregado a la muchacha, quien, sin miramientos, lo pasa a su madre.

Me atemoriza la frialdad con que esta adolescente y su madre reciben este “regalo”. La naturalidad del comportamiento de la muchacha es escalofriante, porque lo mamó de su madre.

¿Qué ejemplo les estás dando a tus hijos, a tus nietos, a tus sobrinos o a tus vecinos? Procura ser un ejemplo de piedad, para que ellos puedan decir de ti lo que se dijo del niño Jesús: “Y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40). -AR