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La escapada

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Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Mateo 6:6, NVI.

De vez en cuando tengo el privilegio de visitar algún lugar único e inusual. Hace varios años, mi esposa y yo estábamos viajando por Grecia, y uno de los lugares que decidimos visitar era el pueblo remoto de Meteora, a cinco horas de distancia de Atenas, la capital griega, en la ruta hacia Albania.

Quizá te preguntes por qué deseábamos visitar un sitio tan apartado. Pues bien, tenía una razón, aunque me da un poco de vergüenza admitirla. Una vez vi una película, y algunas escenas habían sido filmadas allí. No es que quisiera visitar el lugar debido a la película, sino que fue por medio de la película que descubrí la existencia de aquel lugar.

Luego de un viaje de cinco horas en tren desde Atenas hasta un pueblo llamado Kalambaka, salimos de la estación. Ahora debíamos encontrar la forma de llegar al lugar al que nos dirigíamos, que se encontraba en las montañas que rodeaban la ciudad.

La palabra meteora significa literalmente “suspendido en el aire”. Ahí, a partir del año 1500, en lo alto de un montón de pilares naturales de rocas, ¡algunos de más de 365 metros [1.200 pies] de altura!, fueron construidos seis monasterios. En realidad, había más monasterios, pero estos son los que quedaron. ¿Te imaginas al pie de un inmenso acantilado, mirando hacia arriba a una pared de roca natural, de más de 300 metros [1000 pies] de altura, y divisando en la cima un impresionante monasterio? Ten en mente que no había escaleras para llegar arriba. El acceso a los monasterios era difícil, y era así a propósito, porque los monjes querían vivir en soledad. Para llegar allí se necesitaban escaleras largas, unidas unas con otras, o redes y canastos grandes que se utilizaban para subir personas y provisiones.

A veces es necesario aislarse, sobre todo para pasar tiempo con Dios en oración. Nuestro texto bíblico de hoy nos recuerda que los momentos de oración de mejor calidad son los que pasamos a solas en nuestra habitación hablando en privado con nuestro Padre en el cielo. Encuentra tiempo hoy, y cada día, para refugiarte en un lugar tranquilo y pasar tiempo con Dios.