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Una aventura en dos ruedas

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Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación. Salmo 91:14-16, NVI.

Martha 's Vineyard es una isla que forma parte del Estado de Massachusetts, en los Estados Unidos. Tiene unos 32 kilómetros [20 millas] de largo, y unos 16 kilómetros [10 millas] en su parte más ancha.

Cuando era niño, vivíamos en Massachusetts, y un domingo, mi padre decidió llevarnos a mi hermana y a mí a andar en bicicleta en Martha 's Vineyard. Viajamos en auto hasta Woods Hole, donde subimos a un transbordador. Nuestro objetivo era bordear toda la isla en un excelente sendero para bicicletas. Pasamos por pueblos pintorescos, playas y preciosas casas coloniales, hasta que llegamos a un hermoso lugar y nos detuvimos a almorzar. Teníamos que prestar atención a la hora a fin de volver a tiempo para tomar el transbordador que nos llevaría nuevamente a casa.

De repente, a unos ocho kilómetros [5 millas] del puerto, ¡se pinchó una rueda de mi bicicleta! No teníamos con qué repararla, y estábamos lejos de cualquier pueblo en que pudiéramos encontrar ayuda. Yo tenía una bicicleta de niño, demasiado pequeña para que mi papá la manejara. Si caminábamos los últimos ocho kilómetros, nunca llegaríamos a tiempo para tomar el transbordador. ¿Qué hacer? Oramos, y entonces mi padre me miró y me dijo que me sería muy difícil, pero que necesitaba manejar mi bicicleta con la rueda pinchada hasta llegar al transbordador. Tenía razón; fue muy difícil. Lo que más me sorprendió fue que mi papá manejó muy adelante de mí todo el trayecto. Creí que me iba a dejar atrás, aunque nunca lo perdí de vista. Cuanto más lejos parecía estar él, más me esforzaba yo por alcanzarlo.

Años después, siendo ya padre, entendí que él se había adelantado porque eso me haría esforzarme más por mantener el ritmo, para poder llegar al transbordador antes de que saliera. Algunos lo llamarán "amor duro”, pero a mí me ayudó a entender que a veces Dios permite que nos sucedan experiencias difíciles porque sabe que, con el tiempo, eso se convierte en lo mejor para nosotros. Cuando las cosas se pongan difíciles, confía en Dios; él quiere lo mejor para toda tu vida, no solo para el próximo minuto.


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