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La verdad sobre el oro

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-Tengan cuidado de que nadie los engañe -les advirtió Jesús. Mateo 24:4, NVI.

Mi cordillera preferida del mundo es la de los Alpes. Hace varios años estaba viajando por Austria con mi esposa cuando descubrí una pequeña y encantadora carretera serpenteante que pasa por los Alpes. Me encontré parando constantemente para sacar fotografías de cada curva. Acabamos finalmente en Innsbruck, la cual es una de esas ciudades con historia olímpica. Allí se celebraron los Juegos Olímpicos de invierno no solo una vez, sino dos: en 1964 y 1976. Al caminar por la ciudad, todavía puedes sentir el orgullo y la presencia olímpica en las calles.

Al recorrer la ciudad antigua, llegué a lo que me dijeron que es la plaza más famosa de la ciudad. En un extremo de la misma hay un edificio llamado Goldenes Dachl, que quiere decir “tejado dorado”. Como puedes imaginar por el nombre, el edificio tiene un gran tejado dorado que cubre un balcón donde, por el año 1500, el emperador salía con su esposa a observar los festivales en la plaza. Nos asombró y deslumbró la cantidad de oro que había allí, al aire libre. Como tiendo a ser curioso, me propuse averiguar el valor de ese tejado. Me impactaba pensar que tanto oro podía simplemente estar allí, a unos 7,5 metros [25 pies] del suelo.

Al averiguar más sobre el famoso tejado dorado, descubrí que estaba compuesto por 2.657 tejas de cobre cubiertas de oro. Espera un momento: ¿cobre? ¿Qué pasó con el oro? Me había impresionado tanto la idea de que el tejado era de oro, que cuando descubrí que en realidad era de cobre, me sentí engañado.

¿Alguna vez te has sentido engañado? A Satanás se le da muy bien eso. Creo que uno de sus engaños preferidos es hacer que la gente crea en la evolución. Recuerda: Satanás procura convencernos de que Dios no existe. Pretende engañarnos para que creamos que el mundo existió por azar, de pronto, por sí mismo, y que nuestro inmenso y complejo universo se creó solo. También quiere hacernos creer muchas otras ideas que van en contra de la lógica, la ciencia y, por supuesto, la Biblia.

Jesús nos advierte en la Biblia que no seamos engañados y que estemos siempre listos para compartir la verdad con toda persona con la que entremos en contacto.


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