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La caja vieja

Matutina para Android

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Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. 1 Pedro 4:10, NVI.

Mientras estábamos en La Habana, Cuba, un hombre que llevaba una caja vieja cubierta de cartón, trapos y cinta se acercó a mi familia. La caja se veía muy vieja, y sentí curiosidad. Él dijo: “Amigo, por un dólar te saco una foto con una cámara de cien años de antigüedad”. Me interesó ver cómo funcionaba aquella cámara, así que un dólar valía la pena.

El hombre abrió la cámara y sacó una placa; instaló algo sobre ella, la volvió a poner y la cubrió con una tela oscura. Nos ubicó frente a la cámara, y luego, usando su mano, abrió y cerró rápidamente un pequeño agujero que había al costado de la caja que estaba frente a nosotros. A continuación, puso sus manos debajo de la tela oscura, dentro de la caja, y pasó unos minutos haciendo algo. Al ratito sacó un pedazo de papel con una imagen "al revés" de nuestra foto; eso es, cuando lo blanco es negro y lo negro es blanco. Yo estaba intrigado.

Luego procedió a armar todo de nuevo, y esta vez puso el negativo de la imagen frente al agujero de la caja, y nuevamente abrió y cerró con rapidez el agujero con su mano, básicamente sacándole una foto al negativo. Entonces metió las manos debajo de la tela y reveló el nuevo negativo, que ahora había convertido lo negro nuevamente en negro y lo blanco nuevamente en blanco. Entonces me extendió la pequeña foto, que era de unos cinco por cinco centímetros [dos pulgadas cuadradas]. Yo estaba maravillado. Inmediatamente le pagué el dólar requerido por este recuerdo tan especial.

Hoy damos por sentado lo fácil que es tomar fotografías. Lo hacemos sin pensar, con una variedad de aparatos a nuestra disposición. ¿Hay alguna otra cosa a la que no le estás dando todo el valor que tiene? Quiero invitarte a hacer una rápida lista mental de algunas de las bendiciones que podrías estar dando por sentado. No olvides dar las gracias a las personas que te las proveen. Por último, ¡honra a Dios usando esas cosas para bendecir a otros!