Regresar

Los recuerdos nos engañan

Matutina para Android

Play/Pause Stop
En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que someter a sí mismo todas las cosas. Filipenses 3:20, 21, NVI.

Santiago es la segunda ciudad más grande de Cuba. Está ubicada sobre un terreno extremadamente accidentado, o sea, con muchos cerros. Santiago es la ciudad en que mi esposa vivió varios años de su niñez.

Durante el tiempo en que estuvimos allí, queríamos asegurarnos de hacer un "viaje de recuerdos”, así que exploramos un poco más de lo usual en esta ciudad. Como puedes imaginar, el primer lugar que mi esposa quería visitar era el edificio en que vivió cuando era niña. Estaba en la esquina de una calle sinuosa. Tuvimos la bendición de poder entrar en la casa y ver su antigua habitación, la cocina, el baño y otros cuartos de la casa que ella no había visto en más de 35 años.

Nos sorprendió ver que la pintura de las paredes de la que había sido su habitación seguía siendo la misma. Observarla caminar de habitación en habitación, recordando el pasado y su niñez en Cuba fue una experiencia genial. Salimos de allí y comenzamos a caminar por una calle para ver si podíamos visitar la escuela a la que había asistido, que estaba a solo un par de cuadras. Los administradores nos dieron la bienvenida, y paseamos por la escuela mientras ella señalaba lugares que recordaba. Su papá había servido como pastor en dos iglesias de esa ciudad, así que durante nuestra estadía allí nos aseguramos de visitarlas.

El tema recurrente en los comentarios de mi esposa era que todo parecía más pequeño ahora. La iglesia parecía pequeña, su habitación parecía pequeña, y el patio de la escuela parecía pequeño. ¿Habían encogido? Por supuesto que no; pero la manera en que nuestro cerebro recuerda cambia con el tiempo. Algunos expertos dicen que solo usamos un diez por ciento de nuestro cerebro. Cuando tenemos que rendir exámenes en el colegio, ¡cómo nos gustaría poder usar el otro noventa por ciento! Cuánto anhelo el cielo, pues Dios ha prometido recrearnos con mentes y cuerpos perfectos. Esa es la forma en que nos creó originalmente, antes de que “metiéramos la pata” y cayéramos en pecado. ¡Qué maravilloso será ese día!