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El viaje en carreta

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Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18:20, RV60.

Cuando mi esposa y yo aterrizamos en Hong Kong, teníamos una larga lista de cosas que queríamos ver y hacer, pero apenas unos pocos días para hacerlas. Algo que deseábamos era recorrer Macao, una ciudad a la que se puede acceder en transbordador desde Hong Kong. Pero no es una ciudad típica. Macao fue una colonia portuguesa desde mediados del siglo XVI hasta 1999. Cuando nuestro transbordador llegó a Macao, nos bajamos y miramos asombrados la moderna ciudad ante nuestros ojos. Unos momentos después, un hombre asiático nos preguntó si queríamos un recorrido por la ciudad en carreta. Las carretas son bicicletas de tres ruedas con un asiento detrás del conductor en el que se pueden sentar dos pasajeros. Son muy populares en muchos países asiáticos. No recordaba haberme transportado nunca en carreta, así que aceptamos su oferta. Nos subimos y nos dirigimos a Macao, y resultó ser la manera perfecta de ver la ciudad.

Macao no es una ciudad grande; tiene solo unos 30 kilómetros [12 millas] cuadrados. Intenta imaginar un área de unos 5 kilómetros [3 millas] de ancho por 6 kilómetros [4 millas] de largo. Pero Macao ocupa el número uno en la clasificación de los estados soberanos más densamente poblados del mundo. ¡Más de 600.000 personas viven en esos 30 kilómetros cuadrados!

Al ratito, el conductor de nuestra carreta paró al pie de una colina. Frente a nosotros, en la cima de la colina, estaba el sitio más reconocido de la ciudad: las ruinas de la Catedral de San Pablo, una iglesia que fue destruida por un incendio en 1835. Lo único que permanece en pie es la fachada de la iglesia, que fue conservada como un recordatorio de lo que había habido allí. Detrás de esa fachada no hay nada. Para mí, este fue un recordatorio de que la iglesia de Dios no es un edificio; es la gente, como tú y yo.

En algunas partes del mundo, la iglesia a la que asisten muchas personas es debajo de un árbol o en la casa de alguien. No esperes congregarte solamente en la iglesia. Te animo a organizar reuniones en diversos lugares con tu familia o amigos. ¡Dios estará allí!