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Sonidos de una catedral

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Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Salmo 95:1, RV60.

Mientras estudiaba en Francia me embelesé con un instrumento musical que nunca pensé que me atraería tanto: el órgano. Nunca aprendí a tocarlo; simplemente comenzó a encantarme la música que proviene de un órgano bien tocado. En Norteamérica muchas iglesias tienen órganos, pero para mí no suenan igual. Quizás es la calidad del órgano, tal vez la arquitectura del edificio donde se encuentra. No lo sé, pero cuando escuché el órgano en las enormes catedrales de Europa, quedé fascinado.

Uno de mis amigos, que estudiaba en Francia conmigo, era un gran organista. Él tocaba en la iglesia, y un par de veces viajamos juntos a algunas ciudades para escuchar conciertos de órgano en edificios asombrosos. Por un tiempo, una de nuestras tradiciones fue ir los sábados a la catedral de Ginebra, donde se ofrecían conciertos de órgano gratuitos. Como sabes, los órganos se tocan con las manos y los pies, y mientras el organista está tocando, todo su cuerpo es invadido por la música, y mueve rápidamente los pies sobre los pedales y las manos sobre las teclas. Hay un par de pedales para los pies que se usan para controlar el volumen. Las manos se mantienen ocupadas tocando las teclas en no solo un teclado, sino a veces en tres y cuatro teclados alineados frente al organista. En los costados de las teclas algunos órganos tienen docenas de registros y botones manuales que se oprimen o jalan para crear diferentes sonidos. Entre los teclados hay botones aún más pequeños que se pueden presionar rápidamente para cambiar el sonido. Observarlos tocar era increíble; ¡era como una orquesta de una sola persona que creaba muchos sonidos maravillosos!

Nuestro versículo de hoy nos recuerda el amor de Dios por la música. Hay muchos versículos en la Biblia que hablan sobre las muchas maneras en que podemos alabar a Dios, ¡y hay tantos instrumentos que puedes utilizar para alabarlo!