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Sed de vida

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Pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna. Juan 4:14, NVI.

En nuestra travesía por la Península Ibérica, cruzamos la frontera entre España y Portugal. Nuestra primera parada sería la ciudad de Évora. El campo en esta zona de Portugal es hermoso, y pronto, a la distancia, divisamos Évora y sus edificios blanquecinos sobre la suave ladera de una colina. Decidimos ir a esta ciudad por su increíble valor histórico. Cruzamos con el automóvil la medieval muralla exterior, por cierto, muy bien conservada, y entramos a la ciudad vieja, que parecía una página sacada de un libro de historia. El origen de Évora se remonta a unos dos mil años atrás, así que había edificios y monumentos de muchos períodos históricos diferentes. Luego de estacionar el auto, fuimos caminando para visitar los monumentos, la muralla, la catedral y la plaza.

Algo que me impresionó fue el acueducto romano. Un acueducto es un puente diseñado para llevar agua de un lugar a otro. Ese acueducto, con sus enormes arcos de piedra, traía agua a Évora desde diez kilómetros [6 millas] de distancia. ¡Construir un puente de diez kilómetros [6 millas] de largo hace cientos de años no era tarea fácil! Eso me recuerda lo valiosa e importante que es el agua. La vida en la tierra no es posible sin agua.

¿Recuerdas alguna ocasión en la que hayas experimentado una sed como nunca antes habías sentido? ¿Recuerdas sentirte desesperado por conseguir agua? Y cuán agradable fue cuando finalmente pudiste obtenerla. ¿Puedes imaginar beber un tipo especial de agua que te quitaría la sed para siempre? Los habitantes de este planeta tienen sed ahora, pero no de agua; están sedientos de la verdad. Nuestro pensamiento bíblico de hoy nos dice que la verdad y el amor que Jesús ofrece al mundo Satisfarán nuestra sed para toda la vida. ¿Beberás un trago de esa agua hoy mismo, y la compartirás con otros?