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Una gran roca

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Nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él! 1 Samuel 2:2, NVI.

Al viajar por el sur de España, pasamos por muchos pueblos espectaculares con influencia musulmana medieval, y pronto llegamos al Estrecho de Gibraltar: un angosto tramo de agua que conecta el océano Atlántico con el mar Mediterráneo. El estrecho, de 14,4 kilómetros [9 millas] de ancho es todo lo que separa Europa de África. Desde Algeciras miramos al otro lado del estrecho y pudimos ver claramente Marruecos, un país ubicado en el norte de África.

Al este de Algeciras había otro destino que no nos queríamos perder: el Peñón de Gibraltar, un macizo rocoso muy importante de la región. Gibraltar es, en realidad, un territorio británico de ultramar, que apenas toca la zona más meridional de España. Manejamos hasta Gibraltar y entramos en este diminuto territorio, de tan solo 6,7 kilómetros [2,6 millas] cuadrados. En el centro de Gibraltar se encuentra el famoso peñón, que es una montaña caliza de 425 metros [1.400 pies] de altura, que parece proyectarse abruptamente sobre el agua. La montaña es verdaderamente impresionante porque todo a su alrededor es bastante llano, pero de repente aparece esta roca gigantesca saliendo del agua. Me entusiasmo ver que había una ruta que podíamos seguir para llegar hasta lo más alto de la roca. Por el camino nos sorprendimos al descubrir que la roca tiene una gran población de monos salvajes: los únicos primates del continente europeo. Lo más impresionante fue la vista desde la cima. ¡Podíamos ver África!

Desde niño escuché una expresión que se usa a menudo cuando queremos decir que algo es seguro o firme: decimos que es “sólido como una roca”. Dios es la Roca sobre la que podemos estar firmes. Él nunca nos decepcionará. Nunca nos abandonará, y nunca se desmoronará ni se erosionará. ¡Estoy tan feliz de poder depender de Dios para todo, y de saber que nada en el universo es más fuerte que él!