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La excursión de octavo grado

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Le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios. Marcos 10:25, NVI.

Cuando estaba en octavo grado vivía en Massachusetts. Me sentí muy emocionado al enterarme de que nuestra excursión de fin de curso sería a Washington D.C. Era la primera vez que viajaba sin mi familia, así que estaba nervioso y emocionado al mismo tiempo. La escuela nos proveyó una lista de cosas que teníamos que llevar para el viaje, que duraría una semana. Estaríamos acampando en el sótano de las oficinas de la iglesia, así que teníamos que llevar bolsas de dormir y almohadas. Llegó el día, y subimos al autobús para las ocho horas de viaje hasta la capital del país.

Un día visitamos el Capitolio, con su enorme cúpula. ¡Cuán pequeños nos sentíamos allí! Otro día visitamos el monumento a Washington: un obelisco gigante en medio de una zona comercial. También visitamos los monumentos a Lincoln y a Jefferson, y un par de museos del Instituto Smithsoniano. Incluso llegamos a visitar el teatro Ford, donde le dispararon al presidente Abraham Lincoln mientras veía una obra de teatro. Aunque todos esos lugares fueron importantes, lo que más me impresionó fue la Oficina de Grabado e Impresión, ¡donde imprimen dinero! Me fascinó la visita guiada en la que nos mostraron cómo el gobierno fabrica dinero, sobre todo cuando nos mostraron, desde atrás de un vidrio gruesísimo, una pila enorme de monedas; ¡más dinero del que había visto en toda mi vida!

¿Por qué pasamos tiempo soñando despiertos con ser ricos? Quizás alguna vez le preguntaste a algún amigo: "¿Si tuvieras un millón de dólares, qué comprarías primero?" Hoy tengo que advertirte de algo: una de las amenazas más peligrosas para el cristiano es el amor al dinero. Repasa el texto bíblico de hoy como prueba. Dice que sería más fácil que un camello pasara por una diminuta abertura que una persona rica entre en el cielo. Eso es bastante atemorizante. Así de malo es el "amor al dinero”. Es cierto que necesitamos dinero para vivir; pero no permitas que el afán del dinero dirija tu vida.