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Diez días, diez ciudades

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Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. 1 Juan 5:14, NVI.

Aterricé en Múnich, Alemania, y me dirigí directamente a la fila de inmigración y después a la Aduana. A la salida, dos dirigentes de la iglesia local me esperaban, e inmediatamente fuimos hasta el primer lugar de nuestra gira por Austria, en la que presentaría una “Gira Creacionista Austriaca" en diez ciudades. Todo estaba muy bien organizado y publicitado, y lo que quedaba por hacer era comenzar la gira.

Al llegar a Dornbirn, rápidamente instalamos una pantalla de proyección gigante y un proyector, una gran área de exposición con una veintena de carteles y exposiciones, e incluso un lugar para los niños donde pudieran jugar y aprender. Luego del evento, quitamos todo y nos dirigimos a una iglesia cercana donde se nos dio un lugar para poner nuestras bolsas de dormir. A la mañana siguiente vinieron algunos miembros de la iglesia local y nos ofrecieron un desayuno delicioso; luego salimos hacia la siguiente ciudad para comenzar a preparar todo para el programa de la noche. Hicimos esto durante diez días seguidos.

La gira nos llevó a muchos lugares maravillosos, incluyendo la capital, Viena; pero nunca olvidaré cuando llegamos a la ciudad de Graz. En esta ciudad, el evento se desarrollaría en un lugar llamado Dom im Berg, una cueva cavada en la ladera de una montaña con el fin de que las personas pudieran esconderse de los ataques aéreos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta enorme cueva había sido convertida en un salón para banquetes, conciertos y otros espectáculos. El techo arqueado y las paredes habían sido tallados en la roca, y se habían instalado todo el cableado, las luces y los asientos necesarios para convertir esta cueva en el lugar más inusual que había visitado nunca. Aunque estaba en lo profundo de una montaña, oré a Dios para que bendijera el programa. ¿Crees que escuchó mi oración? ¡Claro que sí!

¡No hay lugar al que puedas ir en este planeta donde Dios no pueda escuchar tus oraciones! Ni siquiera en una profunda cueva subterránea.