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Un lugar secreto

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No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mateo 6:19-21, NVI.

Como hijo de pastor, me mudé muchas veces; pero mientras cursaba la primaria vivimos en un solo lugar durante seis años. Era un pueblo agrícola de Massachusetts, con una población de apenas quinientos habitantes. Teníamos muy pocos vecinos, pero era una manera divertida de crecer, y me encantaba tener muchísimo terreno donde jugar.

Un día, uno de mis amigos me dijo que había oído hablar de un lugar cercano llamado Forty Caves [Cuarenta Cuevas]. No era un parque ni un lugar turístico, y además costaba bastante encontrarlo a menos que alguien te dijera cómo llegar. Sonaba muy interesante y misterioso. El lugar estaba a solo dos o tres kilómetros [1 o 2 millas] de mi casa, así que un día mi amigo y yo nos montamos en nuestras bicicletas y seguimos las indicaciones que nos habían dado. Primero teníamos que ir por una pequeña carretera un poco más de un kilómetro [1 milla], hasta llegar a un cruce de ferrocarril. Salimos del camino y seguimos las vías del ferrocarril, teniendo mucho cuidado de que no vinieran trenes. Luego de un ratito, llegamos a un árbol al lado izquierdo, desde donde salía un sendero de tierra. Tras unos minutos de búsqueda encontramos el sendero que nos llevaba a los densos bosques. Caminamos por él y, casi sin advertencia, llegamos de repente a un profundo barranco rocoso en el que grandes piedras habían creado un laberinto de pequeñas cuevas entre las rocas. ¡Llegar a ese lugar fue como encontrar un tesoro! ¡No teníamos idea de que un lugar tan fascinante para explorar había estado allí todo el tiempo!

Ningún tesoro se compara al que nos espera en el cielo. Los tesoros terrenales son temporales, y un día desaparecerán. No vivas buscando tesoros a corto plazo; asegúrate de que tu corazón anhele el verdadero tesoro. ¡El tesoro que Dios está ofreciendo durará por la eternidad!