Regresar

El dolor silencioso

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador. Colosenses 3:9, 10, NVI.

Tenía seis años cuando nos mudamos de Miami, Florida, a Boston, Massachusetts. En Miami vivimos en una casa con techo plano y palmeras en el patio. Cuando llegamos a Massachusetts no había palmeras y todas las casas tenían techos inclinados. El clima también era diferente. Pasamos de usar pantalones cortos y camisetas todo el año, a tener cuatro estaciones bien marcadas para las que necesitábamos diferente ropa. Por supuesto, cuando llegó el primer invierno, mi hermano, mi hermana y yo estábamos encantados de ver caer la nieve.

Cuando llegamos, nos instalamos en el plantel de la Universidad Atlantic Unión hasta que la casa a la que nos íbamos a mudar estuvo lista. Un día frio e invernal comimos en el comedor, y al salir del edificio mi hermano, que tiene ocho años más que yo, corrió hasta el final de los escalones; entonces yo corrí escalera abajo, salté y me colgué de su espalda. Inmediatamente él comenzó a correr mientras yo me trepaba para sentarme en sus hombros. Solíamos hacer eso con frecuencia, pero ese día en particular, mi hermano se resbaló en el hielo mientras corría, y yo caí con fuerza sobre la acera de cemento y me golpeé el hombro. Mi hermano no quería meterse en problemas, así que cuando entramos al auto procuró convencerme de no decir nada a nuestros padres. Duré en silencio unos cinco minutos, pero el dolor era demasiado intenso y finalmente desembuché todo. En el hospital descubrimos que me había fracturado la clavícula.

A veces procuramos esconder la verdad, quizá porque hemos cometido un error. En muchos casos terminamos mintiendo. A veces tenemos que volver a mentir para encubrir la primera mentira. Al final, todo termina en una maraña imposible de deshacer. Todos cometemos errores. No lo empeores mintiendo para que nadie los descubra. No somos perfectos, y no pasa nada por eso. Asume tu responsabilidad y admite tu error en lugar de tratar de esconderlo. Es la manera adecuada de tratar con los errores. Pídele a Dios que te conceda el valor de admitir tus fallos y de aceptar que eres humano.