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Dramatizado

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Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8, NVI.

Cada año, la Universidad Andrews presenta una gran dramatización de la Pasión de Cristo. Durante muchos años, el programa fue presentado en dos días, ya que las escenas de la historia se desarrollaban en distintas ubicaciones del plantel. Cada media hora salía un nuevo recorrido desde la primera estación. Durante los siguientes noventa minutos, cada grupo de cerca de cien personas caminaba por el campus para observar a los actores presentar la historia de Jesús, incluyendo su muerte y resurrección. Era una producción importante. Algunos años había hasta seiscientos voluntarios trabajando para que el evento fuera posible. Durante el transcurso de dos días, miles de personas pasarían a observar la historia de Jesús. Se construyó un enorme mercado, con negocios y herreros, animales y tejedores de canastas. Había docenas de soldados romanos, algunos cabalgando por el lugar. La escena en la que Jesús era llevado ante Pilato era una de las más intensas del recorrido. Pero la escena más emotiva era cuando se depositaba a Jesús en la tumba, seguida por su resurrección al tercer día. ¡Hasta había ángeles volando por allí!

Durante varios años, se me asignó el papel de Poncio Pilato. Cada vez que se acercaba un nuevo grupo, yo discutía con los sacerdotes sobre lo que ellos querían que hiciera con Jesús, hasta que finalmente me lavaba las manos y lo condenaba a ser crucificado. Por supuesto, yo solo estaba actuando e interpretando un papel en la representación, pero de vez en cuando me estremecía el hecho de que en verdad hubo un hombre llamado Poncio Pilato que dio el visto bueno a la crucifixión de Jesús. En realidad, cada uno de nosotros es responsable por ello, porque Jesús vino a sufrir el castigo que nosotros merecíamos, para que nosotros pudiésemos ser salvos.

Cada año en la Semana Santa recordamos y celebramos este maravilloso sacrificio. ¡Agradezcámosle a Jesús hoy por haber aceptado sufrir nuestro castigo para que nosotros podamos ser salvos!