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Catacumbas espeluznantes

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Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes. Mateo 5:11, 12, NVI.

Mis amigos y yo solo tendríamos un par de días para visitar Roma, así que teníamos que planificar con anticipación. Por supuesto, las atracciones principales estaban en la lista de todos: el Coliseo, el Foro Romano, la Escalinata y la Basílica de San Pedro... Además, todos teníamos uno o dos lugares menos frecuentados que queríamos visitar. Me alegró que una de mis sugerencias le interesara a todo el grupo... probablemente porque era una idea espeluznante. Subimos a un autobús y fuimos a las afueras de los muros de la ciudad, a la histórica Vía Apia. Bajamos, y ahí frente a nosotros estaban las catacumbas de San Sebastián: un cementerio. Pero no se trata de un cementerio común, ya que todas las tumbas están ubicadas en un elaborado sistema de túneles subterráneos. Hace casi dos mil años ese lugar se utilizaba como una mina, pero poco después fue abandonada, y los cristianos la usaron como cementerio.

Nuestro guía nos llevó por cientos de metros de pasajes en un sistema de túneles poco iluminados. Excavados en las paredes había estantes en los que se ubicaba a los cristianos para su descanso. Estas catacumbas fueron nombradas en honor a Sebastián, un cristiano que fue perseguido y finalmente mártir en el año 288 d. C., por ser seguidor de Jesús. Fue uno de los primeros mártires que estuvo dispuesto a dar su vida por su creencia en Jesús. Fue colocado en ese cementerio subterráneo.

Dar tu vida por algo en lo que crees no es poca cosa. Hasta el día de hoy, todavía hay partes del mundo en que se persigue y mata a los cristianos por seguir a Jesús. Nuestro versículo de hoy es una de las bienaventuranzas, en la cual Jesús promete bendecirte cuando te insulten y persigan por su causa. También dice que el reino de los cielos será nuestro, y que debemos regocijarnos y alegrarnos por la recompensa que Dios tiene guardada para nosotros en el cielo.