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El viaje por el desierto desierto

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Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas. Salmo 147:3, NTV.

Hay algunas partes de los Estados Unidos que son increíblemente desiertas. Puedes manejar por kilómetros y kilómetros sin ver a una sola persona. Hace un par de años, viajábamos con mi familia de Míchigan a California para visitar familiares. Me encanta experimentar con nuevas rutas, así que en este viaje en particular manejé hasta Denver, luego por las Montañas Rocosas, y de ahí a Utah, donde termina la autopista 1-70 y tienes la opción de ir hacia el norte, a Salt Lake City, o al sur, hacia Las Vegas. Decidí no hacer ninguna de esas dos cosas, así que salimos de la autopista y continuamos hacia el oeste, camino a Nevada, por carreteras más pequeñas.

El viaje por esos trescientos kilómetros [unas 200 millas] en medio de Nevada es algo que no olvidaré. Manejamos al lado de increíbles formaciones montañosas, por barrancas rocosas y asombrosas salinas. He estado en muchos parques nacionales, y me sorprendió que algunas de las zonas por las que pasamos no fueran un parque nacional. ¡Ni siquiera eran un parque estatal o una zona protegida! Eran... nada... Solo kilómetros y kilómetros de desiertos asombrosos. Eran cientos de kilómetros, y en una hora quizá nos cruzábamos con un automóvil, pero ningún pueblo.

A veces podemos sentirnos solos y aislados en la vida. Dios no nos creó así. Fuimos diseñados como seres sociales que necesitan interacción con otros. ¿A veces te sientes solo? Dile a Dios cómo te sientes y pídele que sane tu corazón quebrantado. ¿Hay chicos en tu clase o vecindario que parece que están atravesando un desierto? Decide hoy ponerte en contacto con ellos. Puede ser un poco incómodo, y esa persona hasta puede tratarte mal, pero recuerda que están dolidos por dentro. Ese es el tipo de persona que Dios necesita que ayudemos a sanar.