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La ciudad más extraña

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Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. 1 Pedro 3:15, NV.

Estábamos en la isla de Gran Caimán, y entramos en un lugar donde mi familia y yo planeábamos anotarnos para una visita guiada muy especial. Subimos a un pequeño autobús con otras personas, y el conductor nos llevó a un bote. Desde allí navegamos mar adentro unos seis kilómetros [4 millas] mientras nos poníamos las máscaras y el equipo de buceo. Pronto, a la distancia, pudimos ver un lugar donde se habían juntado ocho o diez botes. Estábamos a kilómetros de la costa, pero había un banco de arena poco profundo, donde el agua nos llegaba apenas hasta la cintura. Cuando el bote echó el ancla, saltamos a Stingray City. Cada día, docenas de rayas acuden porque los turistas las alimentan. Es intimidante al principio, porque estas criaturas tienen una púa en su cola dentada que está cubierta con un moco venenoso, pero solo la usan en defensa propia.

Lo bueno es que muchas rayas se han vuelto dóciles. Los conductores de los botes reconocen a algunas, ¡y hasta les han puesto nombres! El conductor de nuestro bote nos llamó al lugar donde estaba interactuando con una de las rayas que medía casi un metro [3 pies] de ancho. Me pidió que extendiera mis brazos para poder sostener a la raya y tomarle una foto. Hice lo que me dijo, y puso suavemente a la raya en mis brazos. Su piel era suave y lisa y, por supuesto, evitamos acercar nuestras manos a su púa. Las rayas resultaron ser criaturas bastante apacibles, pero como tienen un prominente mecanismo de defensa, se supone que son agresivas. Lo que hay que saber es que las rayas solo usan el mecanismo de defensa cuando se sienten amenazadas.

La Biblia dice que si alguien desafía nuestra fe debemos defender lo que creemos. Las personas verán que somos diferentes. Nuestro texto bíblico de hoy nos recuerda que debemos estar siempre listos para responder a quién nos haga preguntas sobre nuestra fe, de manera muy amable y respetuosa.