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Luces, cámara, acción

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No pondré delante de mis ojos cosa injusta. Aborrezco la obra de los que se desvían; ninguno de ellos se acercará a mí. Salmo 101:3, RV60.

Visitando la isla de Oahu, en Hawái, disfrutamos de muchas vistas, sonidos y sabores únicos. ¡Incluso paramos en una enorme plantación de piña (ananás) para comer unas cuantas! Antes de ir a Hawái, mi hermano me había dicho que no podía dejar de probar el granizado hawaiano, un postre tradicional hecho con hielo y miel de frutas. Es muy similar a los raspados que conocía, pero el hielo se raspaba hasta formar una nieve finamente granulada que se derretía en la boca.

Una de nuestras últimas paradas fue ante una playa hermosa y popular en North Shore. Cuando llegamos, notamos que había algún acontecimiento. Había camiones estacionados por la playa, así como zonas acordonadas y muchos carteles. Estacionamos el automóvil y nos dirigimos a la playa. ¡Los carteles decían que ese día se estaba filmando una película en la playa! También decían que, por estar allí ese día, se nos daba permiso para aparecer en segundo plano en la película. Encontramos un lugarcito a unos cincuenta metros de donde estaban los actores y las cámaras. Todo lo que teníamos que hacer era portarnos como que estábamos visitando la playa, lo que no resultó muy complicado, ya que eso era exactamente lo que habíamos ido a hacer. La película que estaban filmando era la película de Disney llamada The Shaggy Dog [Un papá con pulgas].

Hay películas muy divertidas. Las películas ya forman parte de nuestra cultura. No pretendo decirte qué mirar y qué no mirar, pero sí te digo que seas muy celoso con lo que permites que vean tus ojos. La próxima vez que estés decidiendo qué película ver, pregúntate: ¿Miraría Jesús esto conmigo? Muchas de las películas que se producen hoy no tienen valor alguno. Honra a Dios con lo que miras.