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Vencedores improbables

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Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad. Filipenses 2:13, NVI.

El dominó es un juego muy popular en muchas partes del mundo. Se juega usando pequeñas fichas que tienen marcadas distintas cantidades de puntos. Puedes jugar individualmente o en equipo, el objetivo es deshacerte de todas las fichas mientras evitas que otros pongan las suyas. Algunas personas disfrutan tanto de este pasatiempo que lo juegan todos los días. En algunos países la competencia es feroz, la gente se pone muy nerviosa durante la partida. En mi familia, se suele jugar al dominó en las reuniones familiares. Aprendí cómo jugar mirando a otros, pero nunca jugué lo suficiente para entender las diferentes reglas y estrategias que pueden usarse para que tu equipo gane. Simplemente sabía que, si había un seis en la mesa, mi objetivo era poner un seis allí, para deshacerme de mis fichas. Para los fanáticos del dominó, hay una estrategia mucho más desarrollada.

En una ocasión nos invitaron a mi cuñado y a mí a jugar al dominó contra otros dos jugadores, que probablemente eran los mejores de todo el pueblo. Como mi cuñado y yo apenas sabíamos jugar, nuestro estilo inocente de juego confundió tanto al otro equipo que su compleja estrategia no les funcionó. Ellos pensaban que nosotros "deberíamos" haber puesto tal ficha, pero nosotros poníamos otra que para ellos no tenía sentido. Estaban tan confundidos ¡que terminamos ganándoles!

La Biblia contiene muchas historias en las que alguien pequeño y sin experiencia le ganó a un ejército o a un gigante que debería haber vencido fácilmente. Rápidamente acuden a mi mente la historia de David venciendo a Goliat o la del ejército de trescientos hombres de Gedeón. Cuando estás en el equipo de Dios, siempre ganas, pero primero debes entregarte completamente a él, para que por medio de ti pueda realizar cosas maravillosas.