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El dilema de los dinosaurios

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Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. 2 Timoteo 3:16, NVI.

Todos están fascinados con los dinosaurios. Cuando era niño, los dinosaurios me intrigaban, tanto que conocía los nombres de varios de ellos. En la iglesia y en la escuela a menudo me decían que los dinosaurios nunca existieron, sino que eran animales míticos. A veces nos decían que habían existido de verdad hace mucho tiempo pero que se habían extinguido. En la televisión y en los museos enseñaban que los dinosaurios vivieron hace millones de años. Cuanto más aprendía sobre ellos, más confundido quedaba.

De adulto visité el Museo Nacional de Historia Natural de los Estados Unidos, en Washington D.C., y las maravillosas exhibiciones de dinosaurios me asombraron; también me convencí de que había demasiadas explicaciones sobre los dinosaurios. Sabía que no todas podían ser ciertas. Llegué al punto en que tuve que decidir de dónde obtendría mis verdades: de Dios o de la gente. Por ejemplo, la Biblia enseña que Dios creó la vida hace unos seis mil años, mientras que muchas personas piensan que los dinosaurios vivieron hace millones de años. Primero, descubrí que hay mucha evidencia física de que estos animales vivieron, así que sé que fueron criaturas reales y no míticas, o de leyenda. Luego, por la lectura bíblica sabía que solo Dios tiene el poder de crear vida. Eso quiere decir que, al comienzo, los antecesores del dinosaurio tienen que haber sido creados por Dios antes de la entrada del pecado, y que se volvieron agresivos y violentos luego de la entrada del pecado al mundo. Finalmente, comencé a descubrir evidencia científica que señala claramente la idea de que estas criaturas vivieron hace miles de años, no hace millones de años, lo que se ajusta a lo que dice la Biblia.

Los dinosaurios todavía me fascinan, y todavía me encanta visitar museos, pero ahora dependo de la Palabra de Dios para entender la verdad sobre el mundo en que vivimos. El conocimiento humano es limitado, pero la Palabra de Dios nunca cambia.