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Una gran sorpresa en el océano

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El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes. Deuteronomio 31:8, NVI.

Antes que naciera mi primer hijo, mi esposa y yo pasamos una semana en la isla de Cozumel, en el mar Caribe, cerca de la costa de México. Nuestro hotel estaba justo en la playa, y cada día nos sentábamos junto al agua para hablar, leer o escuchar música. Todos los días pasaba un par de horas en el agua, buceando en un arrecife cercano. A la noche, nos subíamos a una motocicleta e íbamos al pueblo para cenar en algún restaurante. Más tarde, pasábamos un rato en el parque, donde los niños y las familias se juntaban todas las noches.

Un día decidimos aventurarnos al sur de la isla, donde me habían dicho que el buceo era aún mejor. No estaba seguro de qué encontraríamos, pero cuando llegamos, no había nadie. Me habían dicho que el arrecife estaba a unos 60 metros [200 pies] de la costa, así que comencé a nadar. Me ponía un poco nervioso alejarme tanto, solo, pero el arrecife resultó ser asombroso, y pasé un buen rato explorándolo antes de comenzar la vuelta. Entonces vi algo un poco más adelante que me alarmó. Era una gran mantarraya que media casi 4,5 metros [14-15 pies] de ancho. Mi corazón latía rápido, y cuando la raya desapareció recuerdo haberme sentido muy solo.

El sentimiento de soledad es algo con lo que muchas personas luchan. Si eres una persona que suele sentirse sola, ten la seguridad de que Dios mismo está siempre contigo; la verdad es que nunca estamos solos. Si conoces a alguien que parece sentirse solo, piensa que quizá Dios te ha puesto cerca de esa persona para ayudarla a salir de la soledad y la angustia. ¡Que Dios esté contigo hoy!