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Dejar el pasado en el pasado

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Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados. Isaías 43:18, 19, NVI.

En 1952, mi padre decidió emigrar de Chile a los Estados Unidos para obtener una educación universitaria. Viajó en barco por la costa del Pacífico, haciendo escalas en Lima y en la Ciudad de Panamá. Cruzó el Canal de Panamá y continuó hasta Cuba, la última parada antes de llegar a Miami, su destino final. Su parada en Cuba resultó ser mucho más larga de lo que había pensado: duró varios años. Terminó asistiendo al colegio adventista en Cuba, el Colegio de las Antillas. Allí conoció a mi madre; se casaron, y él encontró trabajo.

Durante la década de 1950, mis padres estaban trabajando en Cuba cuando empezó la revolución cubana. En 1958, las fuerzas armadas marcharon a La Habana, y terminó la guerra. Tres años después, el colegio fue trasladado a Puerto Rico. Los edificios fueron cerrados, y el plantel en Cuba permaneció abandonado por décadas. En 1999, casi cuarenta años después de que mis padres se casaran, pude visitar por primera vez el lugar donde se conocieron. ¡Qué ilusión tan grande me hizo! Toda mi vida había escuchado historias de ese lugar donde mis padres se habían conocido y habían estudiado; pero el lugar ahora era un pueblo fantasma. Los edificios estaban descuidados y llenos de arbustos y árboles; las ventanas estaban rotas; las paredes, negras de suciedad; y algunos edificios se caían a pedazos. Así es el paso del tiempo. Tiene un efecto imparable sobre los lugares y sobre las personas.

Los años pasan para todos, pero no hemos sido creados para permanecer en el pasado ni para quedarnos estancados en el tiempo. Lo pasado ya pasó, y cada mañana se abre ante nosotros la posibilidad de comenzar de nuevo.

En el texto de hoy Dios nos dice que tiene planes maravillosos para tu futuro, no para tu pasado. Si hay cosas del pasado que te atormentan o te pesan, recuerda que no lograrás superarlas hasta que puedas olvidar y perdonar el pasado, vivir en el presente y mirar hacia el futuro, manteniéndote cerca de Dios en todo momento.