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El castillo de todos, la fortaleza de todos

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También Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan. Hebreos 9:28, NVI.

Al manejar por Europa en un viaje reciente con mi familia, me era asombrosa la rapidez con la que todo cambiaba: el estilo de los edificios, el idioma, el clima y la cultura. En un momento estábamos recorriendo los Alpes, y al siguiente estábamos manejando por colinas onduladas cubiertas de viñedos.

Europa también tiene mucha historia. Una vez, llegamos a una ciudad llamada Granada, en el sur de España. Granada tiene un enorme palacio y fortaleza ubicados en lo alto de una colina, con vista a la ciudad. Cuando explorábamos este asombroso complejo, aprendimos que la primera parte de esta fortaleza fue construida por los españoles hace más de mil años. Siglos más tarde llegaron los moros, que reconstruyeron y ampliaron el palacio. Cientos de años después, los cristianos volvieron a tomar el lugar, y agregaron aún más al palacio. No mucho tiempo después, el palacio fue abandonado, hasta que finalmente, en el siglo XIX, fue redescubierto por historiadores y convertido a una gran atracción turística. ¡Qué historia extraña! Caminando por el palacio se ve claramente que partes pertenecieron a los distintos reinos que lo controlaron y construyeron.

Diferentes reinos han conquistado muchas partes de nuestro mundo a lo largo de los años. Se levanta uno nuevo, domina por un tiempo, y luego es reemplazado por otro. Las profecías bíblicas de Daniel y Apocalipsis nos hablan de distintos reinos que se levantarán y caerán en el juicio final y la Segunda Venida. Muchas profecías ya han sido cumplidas. La primera vez que Jesús vino, murió por nuestros pecados en la cruz. Ahora estamos esperando que Jesús regrese y nos lleve al cielo. Lo bueno es que su reino durará por la eternidad. ¡Yo quiero pertenecer a ese reino! ¿Y tú?