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De cerca y de lejos

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En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Gálatas 5:22, 23, NVI.

He estado en bastantes ciudades, pueblos y poblados en mis viajes, pero uno de los lugares más inusuales que he visitado es el Monte Saint-Michel, en Francia. Está ubicado en la costa norte de Francia. El camino hacia allí nos llevó por algunos lugares hermosos de Francia, y cuando finalmente llegamos pudimos apreciar lo único que es este lugar. El pequeño pueblo se encuentra a unos 700 metros [2.500 pies] de la costa, en una pequeña isla. Cuando estuve allí, la manera de llegar a la isla era manejando o caminando sobre una larga calzada. Lo interesante de esta isla es que, en ciertos momentos del día, cuando hay marea alta, la mayor parte de la calzada queda cubierta de agua. ¡Esto hace que sea bastante importante hacer un plan antes de llegar!

Cuando crucé por primera vez los muros de la ciudad, sentí que había viajado en el tiempo a la Edad Media. Ahora solo unas cincuenta personas viven allí, y la mitad son monjes. Hace cientos de años, más de mil personas vivían en ese lugar. El centro de la isla tiene una colina alta y rocosa, y en el punto más alto fue construida una torre. Incluso si estás a kilómetros de distancia, lo primero que ves es la torre de la iglesia.

Los cristianos somos como el Monte Saint-Michel. Jesús es importante en nuestra vida; cuando la gente nos observa, aunque sea de lejos, deberían saber que somos cristianos por la manera en que nos comportamos. Y los que son cercano deberían saber que Jesús es la prioridad en nuestra vida. ¿Te parece que la manera en que actúas y hablas les transmite a las personas que te rodean que amas a Jesús? Si no es así, ¿qué deberías cambiar?