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Condicionado a orar

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Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Marcos 1:35, NVI.

He visitado el Gran Cañón del Colorado al menos una docena de veces. Si vas a la salida o a la puesta del sol, es casi seguro que disfrutarás de un asombroso espectáculo de luces, sombras y colores en las paredes del cañón. Durante un viaje de filmación hace unos años, nos propusimos filmar precisamente allí. Se trataba de hacer una caminata hasta la mitad y volver. Alistamos nuestros equipos, preparamos un almuerzo, llenamos de agua las cantimploras, y salimos.

La primera hora fue una bajada escarpada al cañón a través de una serie de curvas pronunciadas. Luego de filmar todo lo que queríamos, almorzamos, disfrutamos de la vista, y comenzamos a encaminarnos hacia lo alto. Entonces descubrí que caminar por el cañón cuesta arriba es bastante difícil, ¡requiere mucho esfuerzo! De vez en cuando teníamos que hacernos a un lado del sendero para dejar pasar grupos de burritos que llevaban turistas. Si no te importa pagar, puedes alquilar un burro para pasear por el cañón. Verlos me hizo pensar que cada día esos burritos tenían que bajar y subir aquella cuesta tan empinada, ¡y cargando gente a sus lomos!

Aprendí dos cosas de ellos. Primero, la subida era muy dura, pero había burritos disponibles para hacer el trabajo por mí. Así es también la vida. Puede ser muy dura a veces, pero Dios se ofrece a llevar nuestras cargas. Por otra parte, los burritos hacen esa subida casi todos los días, y ese esfuerzo diario los pone muy fuertes, los capacita para afrontar cada día más.

Para nosotros también hay algo que debemos hacer diariamente: invertir tiempo en desarrollar una íntima relación con Dios. Cuando pasamos tiempo cada día con Dios mediante la lectura de la Biblia y la oración, nos vamos capacitando para enfrentar las dificultades que la vida nos presenta a cada paso.