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La población flotante

Matutina para Android

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Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse. 1 Pedro 4:9, NVI.

Hace poco, mi familia y yo pasamos veinticuatro horas con una familia maravillosa. Primero tomamos un avión a Juliaca, Perú, ubicado a unos 3.800 metros [12.500 pies] sobre el nivel del mar, en la frontera con Bolivia. Desde allí tomamos un taxi que nos condujo 45 minutos de recorrido hacia el sur, a un pueblo llamado Puno, a orillas del lago Titicaca. Nos dejaron en la orilla del lago, donde nos esperaba una pequeña lancha de madera.

Subimos, nos alejamos de la costa y lentamente comenzamos la travesía por el lago Titicaca. Durante los primeros quince minutos, nos abrimos paso por un canal de unos 3 metros [10 pies] de ancho, con juncos a ambos lados. Pronto salimos a una zona más grande y nos dimos cuenta de que habíamos llegado a una de las poblaciones más peculiares del planeta. Allí mismo, en el lago Titicaca, estábamos rodeados por docenas de islas flotantes artificiales donde habita una etnia conocida como uros o urus. En las islas más grandes viven hasta diez familias, mientras que en las pequeñas solo viven dos o tres. Nuestro pequeño bote finalmente llegó a la isla en la que nos hospedaríamos las siguientes veinticuatro horas. Nuestros anfitriones nos hicieron sentir a gusto inmediatamente. Durante nuestra estadía, nos dieron de comer y nos mostraron como pescan. También nos mostraron cómo cosechan las cañas de totora, que utilizan para hacer islas, chozas, balsas, ¡y hasta comida!

Las islas están ancladas, para no flotar a la deriva, y no hay agua corriente, electricidad ni Internet en ellas. Generaciones de uros han vivido de esta manera, en soledad, durante siglos. Quedarnos allí fue una experiencia maravillosa. Al día siguiente nos sentimos tristes por dejar a la familia que nos había cobijado y continuar nuestro viaje; pero nunca olvidaremos la maravillosa hospitalidad que nos mostró esa familia.

Hay muchos versículos en la Biblia en los que Dios nos anima a ser hospitalarios. Me gusta mucho el versículo de hoy; ¡no puede ser más claro! A veces nos da pereza ser hospitalarios con los demás, porque nos gusta hacer nuestras cosas a nuestro ritmo y no queremos que nadie nos interrumpa ni tener que esforzarnos. Pero esta es una perspectiva muy egocéntrica. Es mejor ser generoso, abierto y, además, tiene grandes bendiciones.