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Terreno inseguro

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Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron: - ¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios! Mateo 27:54, NVI.

El primer verano que pasé en el sur de California con mis padres fue muy interesante, pues cada semana fui a trabajar y luego a la iglesia, sin ver ni una sola atracción turística. Al final del verano volví a la universidad en Míchigan, pero pronto regresé a casa para Navidad. Apenas volví, quedé atónito de ver lo que me había perdido todo el verano: ¡una montaña, prácticamente en mi patio trasero! Debido a la mala calidad del aire ese verano, nunca había notado que había una montaña a pocos kilómetros de mi casa. La contaminación del aire la había escondido. Varios años después volví, y me alegré de que la calidad del aire hubiera mejorado.

Ese primer verano, tuve otra experiencia impactante. Trabajé como pasante en un estudio de arquitectos de una ciudad llamada Redlands. Apenas llevaba treinta minutos en mi primer día de trabajo cuando sucedió algo que nunca antes había experimentado. Estaba sentado ante mi escritorio, trabajando, y de pronto sentí que todo se estaba moviendo. Levanté la vista y miré a mi alrededor; luego miré por la ventana que había a mi lado. Entonces advertí que era un terremoto; ¡mi primer terremoto! Solo duró unos 45 segundos, pero fue una experiencia extraña. Cuando mi padre era niño, en Chile, sobrevivió a dos terremotos, pero aquellos fueron enormes, y decenas de miles de personas perdieron la vida.

La Biblia habla en varios lugares sobre los terremotos. Cuando Jesús murió hubo un terremoto, y cuando resucito de los muertos hubo otro. La Biblia nos dice también que los terremotos son señales de que Jesús regresará pronto. No tenemos qué temer, porque el Creador de la Tierra puede protegernos aun de los terremotos.