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Agua que brilla

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Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Mateo 5:14, RV60.

Puerto Rico alberga varios fenómenos naturales espectaculares. Hay tres sitios en la isla que se conocen como “bahías bioluminiscentes”. Se llaman así por la bioluminiscencia, o luz, producida por organismos que habitan bajo el agua y que producen luz gracias a una reacción bioquímica dentro de su cuerpo, parecido al proceso que utilizan las luciérnagas. Hace algunos años fuimos con mi familia a una de estas bahías que se encuentra en la comunidad costera La Parguera.

Cuando llegamos ya era de noche, e hicimos arreglos para tomar un bote hasta la bahía. Pronto el bote se dirigía hacia el lugar, y se detuvo cuando entró en un espacio abierto. Esa noche no había luna, y estaba totalmente oscuro. El capitán tenía un balde con él, y procedió a sacar agua de la bahía, que colocó en el fondo de la barca, mientras todos nos acercábamos a mirar. Agitó el agua con su mano, ¡y el agua comenzó a brillar!

¡El plancton microscópico del agua produjo su propia luz! El capitán nos contó que cada vez que el agua se revuelve o agita, las pequeñas criaturas se encienden por unos momentos. Entonces, nos dijo que, si alguien quería experimentar una manera única de apreciar la bahía, podíamos saltar al agua y las criaturas brillarían a nuestro alrededor mientras nadábamos. Nadar en el océano en total oscuridad sonaba un poco aterrador, pero decidimos saltar al agua. Creamos grandes remolinos en el agua mientras chapoteábamos rodeados de luz.

Aunque esos organismos son extremadamente diminutos, marcan la diferencia en la oscuridad. Lo mismo sucede con nosotros. Aunque seas tú solo quien hable a otros acerca de Jesús, puedes marcar la diferencia en cualquier lugar al que vayas. ¡Imagina cuánta luz más podemos traer al mundo cuando todos los hijos de Dios compartan su luz!