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La desconexión destructiva

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En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas. En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra. Salmo 119:15, 16, NVI.

El gobierno chileno dice que ¡hay 123 volcanes activos en el país! Una vez decidimos visitar uno de los volcanes más activos de Chile, el Osorno, que ha erupcionado once veces desde 1575. En invierno hay una pista de esquí muy grande en Osorno, pero cuando fuimos en el verano estaba cerrada. Descubrimos que los turistas podían tomar el teleférico hasta la cima para disfrutar la vista; y decidimos hacerlo.

Primero nos vestimos con ropa para la nieve. El teleférico tenía sillas al aire libre. Demoraríamos casi una hora en llegar hasta la cima. La vista desde arriba era espectacular. Era un día despejado, y podíamos ver kilómetros y kilómetros de lagos, otros volcanes y montañas a nuestro alrededor. Mientras descendíamos en el telesilla, mi hijo menor, que tenía dos años de edad, dejó caer su chupete. Siempre lo llevaba atado con una cintita a su abrigo, pero de alguna forma se desenganchó y cayó, para no ser visto nunca más. Hasta el día de hoy, a menudo hablamos de aquel chupete y nos reímos, porque ese fue el día en que mi hijo dejó de usar chupete.

No digo que usar chupete cuando eres bebé sea un mal hábito; por supuesto que no lo es, pero seguir usándolo cuando hayas crecido no sería bueno. Del mismo modo, seguir manteniendo ciertos hábitos negativos que tenemos es fatal. Hay que dejar los malos hábitos. Quizá comes entre comidas o pasas demasiado tiempo con la tecnología. Quizá discutes demasiado a menudo con tus padres o con tus hermanos. Dios quiere ayudarnos a superar y dejar nuestros malos hábitos. Nuestro texto bíblico de hoy dice que debemos meditar en los “decretos” de Dios. Los decretos son principios que encaminan nuestra conducta. Si permanecemos cerca de Dios e intentamos cumplir su voluntad para nosotros, él nos ayudará a dejar nuestros hábitos destructivos.