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El rey del cañón

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Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. 1 Pedro 5:8, NVI.

El oeste de los Estados Unidos parece tener una variedad interminable de parques nacionales para explorar. Recientemente fui al Parque Nacional Kings Canyon [Cañón de los Reyes] ubicado en el centro de California, al sur del Parque Nacional Yosemite. Para llegar al parque recorrimos un camino asombroso, subiendo montañas y cruzando cañones, pero al llegar al corazón del cañón, la vista es aún mejor.

Mientras bajábamos por el cañón, descubrimos que el camino llegaba hasta lo más profundo, donde había un río. Nos dijeron que había llovido mucho, y que el río estaba excepcionalmente caudaloso. Nos detuvimos en varios lugares, y era muy grato oír el estruendoso paso del agua. De uno de los lugares en que paramos salía un sendero hacia una hermosa cascada. El sendero terminaba casi directamente debajo de la cascada. Aunque podría haberme acercado más, no quería empaparme, pues no tenía otra muda de ropa en el auto. Ya la llovizna me estaba mojando bastante. Caminé siguiendo el río y reflexioné en lo malo que sería resbalarme accidentalmente y caer al agua. Sería muy difícil salir, porque se movía con mucha rapidez y violencia por el cañón.

El pecado es así a veces. Piensas que puedes poner un pie dentro y que no pasará nada, pero el pecado es engañoso; no confíes en ti mismo ante ninguna tentación. Satanás está ansioso por hacerte caer en pecado, y procurará convencerte de que algunas cosas son “pecaditos pequeños”. No te engañes con la idea de que hay pecados pequeños. Todos los pecados nos lastiman y nos alejan de Dios. Estoy tan agradecido porque Jesús murió en la cruz para deshacerse de todos mis pecados. Hizo lo mismo por ti. ¡Agradécele hoy!