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Ciento veinte metros de agua

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Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Jeremías 29:13, NVI.

Luego de explorar el bosque de bambú en Maui, continuamos la caminata de ascenso a la montaña. Cuanto más subíamos, más espesa y densa se volvía la selva. Hay cuatro partes distintas en una selva. En lo más alto está la capa emergente, compuesta por árboles más altos que los que los rodean. Debajo está la capa de dosel. Estos son el resto de las copas de árboles que crean una cubierta de sombra sobre el suelo. Debajo está el sotobosque; esto es desde la copa hacia abajo. Finalmente, está el suelo del bosque.

Al caminar por allí, nos resultaba divertido observar los distintos tipos de plantas y animales que viven en cada hábitat. Por ejemplo, algunas criaturas pasan toda su vida en su capa, sin jamás bajar al suelo ni explorar la copa. Seguimos un arroyo cuesta arriba que se hacía más y más grande. Pronto se había convertido en un caudaloso río torrentoso, y podíamos ver que más adelante había un enorme muro de piedra. Entonces pudimos divisar un acantilado de 120 metros [400 pies], elevándose sobre nosotros, y logramos ver de dónde provenía el agua de este río. Unos momentos después vimos una cascada de 120 metros [400 pies] de altura. Trepamos sobre unas rocas para acercarnos un poco al lugar. Al acercarnos a la base de la cascada, nos envolvió una fina llovizna, y nos quedamos allí, mirando asombrados.

Fue necesaria mucha determinación para llegar a esa cascada. Si no hubiera estado dispuesto a sacrificarme y pasar por obstáculos, nunca la hubiese experimentado. Lo mismo sucede cuando quieres conocer a Dios. Nuestro texto bíblico de hoy te recuerda que, si buscas a Dios con todo tu corazón, descubrirás su belleza. ¿Buscarás a Dios hoy con todo tu corazón?