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Salta del acantilado

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Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. 1 Corintios 11:1, RV60.

Cuando me invitaron como orador a las Bermudas, me entusiasme mucho de poder visitar esa pequeña isla en medio del Océano Atlántico. Luego de cumplir mis responsabilidades como orador, me quedé unos días más junto con mi familia.

En una playa vimos una competencia de castillos de arena. Vimos un montón de construcciones asombrosas hechas solo con arena, y los diferentes premios. ¡Otra playa tenía arena rosada! Pero uno de nuestros lugares preferidos estaba en el extremo norte de la isla, donde había unos grandes acantilados retirados a unos 15 metros [50 pies] de la playa, y arrecifes poco profundos para explorar. Terminamos yendo a esta playa dos veces, porque la disfrutamos mucho. Allí, notamos que la gente nadaba hasta los acantilados y se subían hasta arriba por un pequeño sendero en el que no nos habíamos fijado antes. Una vez que llegaban hasta arriba, saltaban al agua en la sección más profunda. El acantilado parecía tener unos 8 metros [25 pies] de altura, y se veía bastante seguro, así que decidí imitarlos. Durante las siguientes horas, mis muchachos y yo subimos al acantilado y saltamos al inmenso mar una y otra vez.

Cuando imitamos a otras personas, debemos asegurarnos de que sean buenos modelos. Algunos de los modelos que nos ofrece la sociedad son malísimos. Algunas de las figuras del deporte, el cine y la televisión, y celebridades a menudo demuestran malas actitudes y conductas inapropiadas. Uno siente ganas de ser como ellos por lo que proyectan en la pantalla, pero cuando analizamos sus vidas, no son lo que aspiramos ser como cristianos. ¿No te decides a quién imitar? Prueba con Jesús. Después de todo, eso es lo que significa ser cristiano: ¡ser un imitador de Cristo!