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El Buda gigante

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Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas. Mateo 7:12, NVI.

Nuestro mundo es un lugar muy diverso. Cuando viajo, debo mantener una actitud abierta porque puede haber cosas muy especiales y sagradas para algunos, que no lo son para mí. También es una gran oportunidad para aprender sobre otras culturas y poder entender cómo las gentes de todo el mundo piensan y comprenden la vida.

Durante un viaje a Asia, mi esposa y yo pasamos algunos días en Hong Kong. Teníamos varias cosas que ver y hacer en nuestra lista, pero algo que no quería perderme era visitar el “Buda Gigante”, una de las estatuas de Buda más grandes del mundo. Lo desafiante era la ubicación. Esta estatua estaba en un lugar de difícil acceso porque se construyó al lado de un monasterio muy apartado.

Primero, tomamos un ferry desde Hong Kong a una pequeña isla. Luego encontramos un autobús local que nos llevaría por una calle serpenteante por la montaña. El autobús llegó finalmente a la cima y nos dejó en la base de una enorme escalinata. Comenzamos a subir, y 268 escalones después, llegamos. Había muchas personas que habían realizado largos peregrinajes para ver esta estatua de bronce y honrar a esta persona que consideran santa. Desde allí pudimos contemplar de cerca la enorme estatua, de 34 metros [112 pies] de alto, y también una vista muy hermosa del paisaje y el océano circundante.

Durante todo el tiempo que estuvimos allí, hicimos todo lo posible por mostrar respeto hacia las personas y el lugar, ya que sabíamos que es un lugar especial de adoración para ellos, aunque Buda solo fue un hombre. Yo adoro a un Dios que es el Creador del universo y todo lo que hay en él. Dios es el dueño de todo, y es digno de nuestra adoración cada día. Aun así, debemos tratar a otros con respeto y amor; pero cuando es hora de adorar, ¡estoy feliz de ser un hijo del Dios viviente del universo!