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La gran pila de arena

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Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Ester 4:16, RV60.

Una vez, mientras manejaba por Colorado, paramos en un lugar muy interesante llamado Great Sand Dunes National Park and Preserve [Parque Nacional y Reserva Grandes Dunas de Arena]. Curiosamente, contra las montañas en la parte sur del Estado están los cúmulos de arena más grandes que haya visto. Solía imaginar dunas de arena en desiertos secos o zonas costeras, pero este lugar no era ni lo uno ni lo otro. Entramos y vimos que había un montón de senderos secundarios para personas que manejaban vehículos todoterreno. Afortunadamente, yo iba en mi Jeep. Disfrutamos cruzando zonas arenosas y sueltas, áreas forestales e incluso riachuelos hasta de unos 90 centímetros [3 pies] de profundidad, hasta que finalmente llegamos a la base de una de las dunas más grandes.

El ascenso fue increíblemente difícil: parecía que por cada tres pasos que daba, me deslizaba dos pasos hacia atrás. Había buscado a propósito la duna más escarpada que pudiera encontrar, y cuando finalmente llegué a la pequeña cumbre y me senté, ¡estaba exhausto! Una vez que se calmó mi respiración, saqué lo que había arrastrado todo el camino cuesta arriba. ¡Mi tabla de snowboard! Había leído que se podía usar una tabla de snowboard en una duna de arena siempre que fuera escarpada. Nunca lo había intentado, pero puse la tabla sobre la arena y me paré en ella. Respiré hondo y rápidamente comencé a deslizarme por la superficie de la duna. Milagrosamente, llegué abajo sin caerme. Por supuesto, no intenté ningún movimiento especial. Solo quería bajar sano y salvo, ¡y lo logré!

En la Biblia, la reina Ester estaba preocupada porque su pueblo permaneciera sano y salvo. Ester tenía fe y se arriesgó a sí misma para salvar a su pueblo, sin importar lo que a ella le sucediera. Dijo: "Si perezco, que perezca". Hacer la voluntad de Dios es más importante que cualquier otra cosa.