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Escape de la prisión

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Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley. 1 Juan 3:4, NVI.

Mi hermana vive cerca de la bahía de San Francisco, así que un año, mientras la visitábamos, decidimos pasar el día en la ciudad y visitar algunos lugares. Primero visitamos Fisherman's Wharf, donde hay muchos negocios y restaurantes únicos cerca del puerto. Hacia el final de esta zona hay un lugar donde se suelen concentrar lobos marinos sobre los muelles, donde yacen al sol... a menudo haciendo mucho ruido con sus ladridos. Luego decidimos subir a los famosos tranvías que circulan lentamente por las calles onduladas de San Francisco. Nuestra última parada ese día fue visitar una famosa isla de la bahía llamada Alcatraz: una de las prisiones más famosas del mundo. Alcatraz fue cerrada en 1963, pero durante muchos años fue conocida como una de las prisiones de máxima seguridad de las cuales era más difícil escapar.

Al acercarnos a la isla en lancha, podíamos ver los altos muros y cercos que rodeaban partes de la isla. Durante varias horas visitamos diferentes sectores de la prisión, así como el patio de cemento donde los prisioneros podían salir a tomar aire fresco. Donde fuera que íbamos, había cercas, barrotes y alambre de púas. Las celdas de la prisión se veían diminutas y muy incómodas. Eso me hizo pensar en el pecado, pues el pecado también es como una cárcel. Aunque pecar puede no llevarte preso, hace algo peor: nos separa de Dios. Afortunadamente, Jesús está ahí para perdonarnos cada vez que se lo pedimos. Estoy seguro de que los prisioneros de Alcatraz habrían deseado poder recuperar su libertad con solo pedir perdón.