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La ciudad fantasma

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Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. Santiago 4:3, NVI.

Durante nuestro viaje al Valle de la Muerte, en California, escuchamos que cerca de allí había un pueblo fantasma en Nevada, llamado Rhyolite. El pueblo surgió durante el auge de las minas de oro, pero no duró. En sus mejores tiempos, en 1907, casi cinco mil personas vivían en Rhyolite, y las calles estaban rodeadas de edificios. A principios del siglo XX, la economía comenzó a cambiar e hizo que muchas personas se fueran, hasta que para 1920, todo se había quedado vacío.

Cuando llegamos a Rhyolite, no había nadie más. Solo quedaba un manojo de edificios arruinados. En algunos edificios, lo único que quedaba eran algunas de las paredes exteriores, como el banco, que originalmente fue construido con bloques de piedra. Otros edificios estaban más completos, como la estación del tren, pero me asombró pensar que un poco más de cien años atrás, casi cinco mil personas vivían allí, y ahora no había una sola alma. Siguiendo la calle principal, a un kilómetro y medio [1 milla] de distancia, estaban la mina y el molino, que empleaban a muchos trabajadores. Algunas empresas de cine han usado ese pueblo fantasma para sus escenarios, pero hoy ese lugar no cumple ningún propósito, excepto ser una mirada a la historia. Los edificios están allí, y el agua corriente y la electricidad, pero falta lo más importante: las personas.

A veces ponemos demasiado valor en las cosas materiales, y oramos a Dios pidiendo posesiones que pensamos que nos darán felicidad; pero el verdadero gozo se encuentra en servir a los demás y orar por ellos. Dios nos advierte en la Biblia que a veces pedimos cosas, pero no las recibimos, porque tenemos motivos egoístas en el corazón. Pídele a Dios hoy que te ayude a no ser egoísta en la forma en que oras. Que tus pedidos honren a Dios, no a ti.