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Atrapados en la selva

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Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Marcos 11:24, RV60.

Hace varios años fui a Honduras en un viaje misionero con mi iglesia. Nuestro grupo consistía de personas mayores, adultos de mediana edad, jóvenes universitarios, chicos de secundaria y seis niños de primaria. Durante nuestra estadía, nos transportamos en un gran autobús escolar de color amarillo. El sábado por la tarde, decidimos llevar al grupo a una montaña, a un mirador que se encontraba en la selva. Cuando llegamos, exploramos algunas ruinas y un lugareño nos dio a probar caña de azúcar.

Cuando era hora de volver, la única forma de salir era retroceder el autobús varios cientos de metros hasta un lugar donde pudiera dar la vuelta. Esa mañana había llovido mucho, así que había mucho barro pegajoso en el camino de tierra. Cuando el autobús, comenzó a retroceder por el pequeño camino selvatico, comenzó a resbalarse en el barro. Las ruedas daban vuelta, y se siguió deslizando más y más hacia la selva. Pronto las ruedas delanteras estaban atrapadas en medio metro [2 pies] de barro. Todos bajamos del autobús, esperando decidir qué convenía hacer. Los hombres decidieron que empujarían el autobús, pero nuestros esfuerzos parecieron empeorar las cosas. El autobús se resbaló aún más, se alejó más del camino y se inclinó hacia la selva. Estábamos a kilómetros de distancia del pueblo más cercano, y la situación parecía totalmente desesperada. Entonces una ancianita de nuestro grupo dijo: “¡Debimos haber orado desde el primer momento!” Nos tomamos de las manos y oramos allí mismo. Los hombres decidieron intentar empujar nuevamente, ¡y esta vez el autobús salió del barro! Fue uno de los milagros de oraciones respondidas más rápido que yo haya experimentado.

El poder de la oración es real. Porque te creó y te ama, Dios siempre está listo y dispuesto a escuchar tus preocupaciones; no le importa si son grandes o pequeñas.