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El precio del canal

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Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21:4, RV60.

Estaba en Panamá. Luego de terminar con todas mis responsabilidades como orador, me alegré cuando los dirigentes me ofrecieron llevarnos a pasear. ¿Puedes adivinar lo primero que aparecía en mi lista? Si pensaste en el Canal de Panamá, acertaste. Nos dirigimos a las esclusas Miraflores, cerca del Océano Pacífico.

El Canal de Panamá es uno de los proyectos de ingeniería más impresionantes del mundo, y se llevó a cabo en una época en la que mucha tierra se tenía que quitar a mano. Debido a los desafíos de trabajar en la selva, la cantidad de personas que murieron durante la construcción del canal fue espantosa: ¡más de 25.000 personas! Un edificio cerca de las esclusas funciona como museo. Durante varias horas pasamos por las exhibiciones del museo y llegamos, finalmente, al último piso del edificio, que tenía una gran plataforma de mirador con vista a las esclusas en ambas direcciones.

Desde la distancia podíamos ver los enormes buques petroleros acercándose y entrando en las esclusas. Entonces las esclusas se cerraban y, dependiendo de la dirección en la que iban, el canal se llenaba de agua o se drenaba el agua, elevando o descendiendo así el barco poco a poco. Esto se repetía varias veces durante las seis a ocho horas que se tardaba para cruzar de un océano al otro. Nos quedamos allí un rato, mirando a tres o cuatro barcos pasar por las esclusas de Miraflores. Todo el tiempo, el pensamiento de fondo en mi mente era cuántas personas habían muerto para construir el canal.

Cada día, en todo el mundo, mueren personas a causa de guerras, enfermedades, conflictos o por edad avanzada. Es muy triste, pero me anima saber que Dios volverá muy pronto, y nos llevará a un lugar donde no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor. ¡Cuánto anhelo que llegue ese día!