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La tumba más grande

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Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Mateo 19:29, RV60.

Luego de subir a una de las pirámides más pequeñas, volvimos a montar nuestros camellos y continuamos hacia las pirámides más grandes. Cuando llegamos, vimos que había túneles que podíamos recorrer que llegaban al centro de la pirámide. Primero teníamos que subir por fuera de la pirámide hasta la entrada. Al entrar, el pasillo bajaba una corta distancia, y luego subía otro poco. Todo el tiempo teníamos que estar agachados o gateando sobre nuestras manos y rodillas. Finalmente llegamos a un gran cuarto llamado la Gran Galería, que continuó llevándonos cuesta arriba. En lo alto de este gran cuarto, finalmente llegamos a la Cámara del Rey, donde se había colocado al faraón para su descanso. Ahora nos encontrábamos en el centro de la pirámide.

Al explorar estas cámaras, descubrimos que mayormente estaban vacías, pero en la Cámara del Rey había una cosa: un sarcófago gigante, una gran caja tallada en piedra, donde se había puesto originalmente el cuerpo momificado del faraón. Esa experiencia fue interesante y espeluznante al mismo tiempo, pero teníamos curiosidad por saber qué habían puesto en esas habitaciones. El guía nos contó que muchas de las cosas podían verse en el Museo Egipcio de El Cairo. Al día siguiente fuimos al museo y quedamos asombrados ante todos los objetos egipcios antiguos que había allí. Fue aún más fantástico entrar en la parte del museo que tenía muchos de los contenidos de la tumba de uno de los faraones más famosos, el rey Tutankamón, incluyendo su hermosa máscara funeraria.

Los faraones eran muy ricos en tesoros terrenales, pero Dios nos ofrece mucho más que oro y plata. No solo nos ofrece protección mientras estemos en este mundo, ¡sino que también nos ofrece vida eterna con él en el cielo! La pregunta es, ¿lo aceptarás?.