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La intensa escalada en el desierto

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Nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él! 1 Samuel 2:2, NVI.

Luego de maravillarnos ante el Tesoro de Petra por un rato, seguimos adelante, ya que hay mucho más para ver en ese lugar maravilloso. Afortunadamente, el amigo con quien viajaba era un estudiante de Arqueología, así que sabía mucho sobre el lugar. Caminamos por el valle, donde había innumerables cuevas y estructuras labradas en la roca. Entonces, él sugirió que camináramos hasta otra estructura asombrosa conocida como el Monasterio, que es bastante similar al Tesoro. Dijo que la caminata era larga y desafiante, pero que valdría la pena; agregó que el Monasterio era probablemente el doble del tamaño del Tesoro, y también estaba esculpido en la roca. Ya me había impresionado el tamaño del Tesoro; y no podía imaginar lo enorme e imponente que sería el Monasterio.

Efectivamente, el camino fue largo y peligroso, pues pasamos por un sendero angosto y escarpado. En algunos lugares caminamos al lado de altos acantilados, con una temperatura que ascendía a los 38 °C (100 °F). Cuando llegamos, el Monasterio era verdaderamente asombroso. También había sido esculpido en la roca, pero de manera tal que pudimos subir a la cima. ¡50 metros (165 pies) de alto! Este era, con mucho, el mayor monumento de Petra, y me asombraba que estuviera en tan buenas condiciones luego de dos mil años. Se ha conservado así porque está hecho de roca.

Las rocas son sólidas, y por eso en la Biblia se compara a Dios tantas veces con la roca. Dice que Dios es mi roca y mi refugio, mi fortaleza y mi cimiento. ¿Alguna vez cantaste “Roca de la eternidad” en la iglesia? Todos estos son recordatorios de que Dios es fuerte y que podemos apoyarnos en él y siempre contar con él para obtener fortaleza.